Mi incertidumbre

y vienen los dolores en las piernas
y hay que limpiar la cisterna
y los días vienen sin lluvia
y los amores ya no sirven para nada

soy curioso y aburrido
como las palabras y las marañas
soy fuerte pero no por gusto
y bebo por costumbre
y como pero no duermo
y vivo pero sin un mapa.

Los formales y el frio

Quién iba a prever que el amor, ese informal
se dedicara a ellos tan formales

mientras almorzaban por primera vez
ella muy lenta y él no tanto
y hablaban con sospechosa objetividad
de grandes temas en dos volúmenes
su sonrisa, la de ella,
era como un augurio o una fábula
su mirada, la de él, tomaba nota
de cómo eran sus ojos, los de ella,
pero sus palabras, las de él,
no se enteraban de esa dulce encuesta

como siempre o como casi siempre
la política condujo a la cultura
así que por la noche concurrieron al teatro
sin tocarse una uña o un ojal
ni siquiera una hebilla o una manga
y como a la salida hacía bastante frío
y ella no tenía medias
sólo sandalias por las que asomaban
unos dedos muy blancos e indefensos
fue preciso meterse en un boliche

y ya que el mozo demoraba tanto
ellos optaron por la confidencia
extra seca y sin hielo por favor
cuando llegaron a su casa, la de ella,
ya el frío estaba en sus labios ,los de él,
de modo que ella fábula y augurio
le dio refugio y café instantáneos

una hora apenas de biografía y nostalgias
hasta que al fin sobrevino un silencio
como se sabe en estos casos es bravo
decir algo que realmente no sobre

él probó sólo falta que me quede a dormir
y ella probó por qué no te quedas
y él no me lo digas dos veces
y ella bueno por qué no te quedas
de manera que él se quedó en principio
a besar sin usura sus pies fríos, los de ella,
después ella besó sus labios, los de él,
que a esa altura ya no estaban tan fríos
y sucesivamente así
mientras los grandes temas
dormían el sueño que ellos no durmieron.

Descansa en paz Benedetti

Espejos

Para retomar este libro y no siga empecinado con seguir guardado en el cajón con fiebre… y nos venga a diagnosticar cosas tramposas, historias esquizofrénicas que no son de Galenos sino de Galeano…

Espejos
Los espejos están llenos de gente.

Los invisibles nos ven.

Los olvidados nos recuerdan.

Cuando nos vemos, los vemos.

Cuando nos vamos, ¿se van?


De deseo somos
La vida, sin nombre, sin memoria, estaba sola. Tenía manos,pero no tenía a quién tocar. Tenía boca, pero no tenía con quién hablar. La vida era una, y siendo una era ninguna.Entonces el deseo disparó su arco. Y la flecha del deseo partió la vida al medio, y la vida fue dos.Los dos se encontraron y se rieron. Les daba risa verse, y tocarse también.


Fundación del juego
En la escuela me enseñaron que en el tiempo de las cavernasdescubrimos el fuego frotando piedras o ramas.Desde entonces, lo vengo intentando. Nunca conseguí arrancar ni una humilde chispita.Mi fracaso personal no me ha impedido agradecer los favoresque el fuego nos hizo. Nos defendió del frío y de las bestias enemigas, nos cocinó la comida, nos alumbró la noche y nos invitó a sentarnos, juntos, a su lado.


¿Cómo pudimos?
Ser boca o ser bocado, cazador o cazado. Ésa era la cuestión.Merecíamos desprecio, o a lo sumo lástima. En la intemperieenemiga, nadie nos respetaba y nadie nos temía. La noche y la selva nos daban terror. Éramos los bichos más vulnerables de la zoología terrestre, cachorros inútiles, adultos pocacosa, sin garras, ni grandes colmillos, ni patas veloces, ni olfato largo.Nuestra historia primera se nos pierde en la neblina. Según parece, estábamos dedicados no más que a partir piedras y a repartir garrotazos.Pero uno bien puede preguntarse: ¿No habremos sido capacesde sobrevivir, cuando sobrevivir era imposible, porque supimos defendernos juntos y compartir la comida? Esta humanidad de ahora, esta civilización del sálvese quien pueda y cada cual a lo suyo, ¿habría durado algo más que un ratito en el mundo?

Wellerismos

Algo es algo, dijo un calvo al encontrarse con un peine.

Contra gustos..., dijo el sapo, y se tragó la mosca.

ya no quiero las estrellas

Detengan todos los relojes, corten los teléfonos,
prevengan que ladren los perros con un jugoso hueso,
callen los pianos, y con un tambor silencioso
saquen el ataúd, y dejen que los dolientes vengan.

Que los aviones den vueltas en señal de luto
y escriban en el cielo el mensaje: "Él ha muerto",
pongan cintas de luto en el cuello blanco de las palomas,
que todos los policías usen sus guantes negros

El fue mi norte, mi sur, mi este y oeste,
mi semana de trabajo y mi domingo de descanso
mi luna, mi noche, mi lenguaje, mi canción;
pensé que el amor duraba toda la vida: estaba equivocado

Ya no quiero las estrellas. Que las apaguen
empaquen la luna y desmantelen el sol,
vacíen los océanos y corten los bosques,
porque ya nada de lo que venga habrá de ser bueno.


Yair Romero
Traducción del poema “Funeral Blues” de W. H. Auden

Amor de tarde

Benedetti

Es una lástima que no estés conmigo cuando miro el reloj y son las cuatro y acabo la planilla y pienso diez minutos y estiro las piernas como todas las tardes y hago así con los hombros para aflojar la espalda y me doblo los dedos y les saco mentiras.

Es una lástima que no estés conmigo cuando miro el reloj y son las cinco y soy una manija que calcula intereses o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas o un oído que escucha como ladra el teléfono o un tipo que hace números y les saca verdades.

Es una lástima que no estés conmigo cuando miro el reloj y son las seis. Podrías acercarte de sorpresa y decirme "¿Qué tal?" y quedaríamos yo con la mancha roja de tus labios tú con el tizne azul de mi carbónico.